sábado, 5 de abril de 2014

Estuvimos en: Catedral de Amberes


La historia de la iglesia más grande de los Países Bajos, la Catedral de Nuestra Señora de Amberes, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, comienza en 1124. En este lugar, una antigua capilla llegó a ser iglesia parroquial, para transformarse después en un nuevo edificio de estilo románico. Más tarde, en 1352, comenzaron las obras para sustituir esta iglesia románica por la actual gótica. Hicieron falta 170 años para contemplarla tal y como ahora la podemos ver.



En aquel tiempo, cuando Amberes era la ciudad más grande de Europa, el Emperador Carlos V planeó una 'historia de nunca acabar'. A pesar de que la iglesia se cuenta entre las más grandes del mundo - 119 m. de largo, una cubierta de más de una hectárea y 128 ventanas -, él quiso ampliarla todavía más haciendo de ella una exhibición universal. El trazado de las calles al lado este de la iglesia está todavía determinado por aquel sueño imperial; sin embargo un incendio en 1533 impidió que se llevara a cabo; la misma agua que apagó el fuego ahogó también el sueño de Carlos V.


Aunque el tamaño de la iglesia no aumentó, sí ascendió su situación jerárquica. Unos años después, establecido el obispado de Amberes, fue elegida iglesia para la sede episcopal. Fue la "cátedra" del obispo lo que la convirtió en "catedral"; no obstante sus estatuas apenas impresionaron a los calvinistas de la época iconoclasta (1566 y 1581). Con la vuelta al catolicismo en 1585, un nuevo soplo de arte y amor comenzó a sentirse en el espíritu de la contrarreforma: el estilo barroco.



En el período francés, alrededor de 1800, la iglesia volvió a ser completamente saqueada e incluso se decretó su demolición. Afortunadamente, el arquitecto de la ciudad, J. Blom, retrasó los trámites indefinidamente. En el Siglo XIX, el interior fue totalmente decorado: antiguos muebles se compraron a iglesias monacales que habían sido cerradas, y otros nuevos se encargaron, ya en estilo neoclásico, y en el después predominante neogótico (la monumental sillería, varios altares laterales y las contraportadas). En 1961 Amberes vuelve a ser diócesis independiente. El gobierno provincial de Amberes decidió que la catedral debía ser restaurada profundamente, un gigantesco proyecto que continúa incluso después de 1993 (año en el que Amberes fue Capital Cultural Europea).


La extraordinaria y elegante torre de la catedral es el símbolo de Amberes y el orgullo y alegría de sus ciudadanos. Con ella, la construcción de la catedral llegó literalmente a su punto más alto en 1518: 123 metros. Es difícil imaginar cómo una base tan sobria se eleva y prácticamente se diluye en el aire: ciertamente, es el "dedo de Dios", el indicador del cielo.



Dentro de la catedral, nos encontramos con un espacio increíblemente ancho, construido por nada menos que siete naves y 48 pilares. Este efecto espacial es el que hace a la catedral de Amberes tan distinta.

Una gran parte de la historia de Amberes aparece ilustrada en la catedral, desde los misioneros que nos dan la bienvenida en la fachada principal, a los gobernantes que intentaron inmortalizarse en los cristales de colores de las vidrieras. La gente normal, la que tenía que trabajar para vivir, se identificaría más fácilmente con las pinturas de las bóvedas en las que los gremios plasmaron sus herramientas de trabajo: ¡tributo precioso a la labor del hombre que es glorificada en el cielo!.



La catedral es muy famosa por las pinturas de Rubens, sobre todo por la Elevación de la Cruz, y El descenso de la Cruz, conjuntos que invitan al observador a revivir el drama de la pasión y muerte de Jesús. Como se ve por estas dos obras de Rubens, de colores magníficos y composición en diagonal, están lejos de ser el 'arte por el arte'.



En la catedral también se encuentran obras importantes, como el extraordinario púlpito realizado por M. Van der Voort el viejo en 1713, que extiende el mensaje cristiano a los cuatro extremos de la tierra. La catedral trae a medio millón de turistas cada año y su mantenimiento anual cuesta millón y medio de euros.

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